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Diferencia entre afijos y lineas de sangre, el arte de criar perros de raza, Castro-Castalia Bullmastiffs
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El arte de Criar perros de Raza

Diferencia entre afijos y lineas de sangre, el arte de criar perros de raza

Camada Autos Locos de Castro-Castalia

En el capítulo anterior nos hemos familiarizado con las diferentes posibilidades de cruces, la endogamia y la exogamia. Hablé entonces de que convenía igualmente hacer un distingo entre líneas de sangre y afijos. Y el caso es que por increíble que pueda parecerle a algún lector, lo cierto es que a lo largo de mis años de actividad como criadora, más de una vez me he encontrado con personas que, queriendo dedicarse a la cría o cuanto menos a hacer una camada esporádica, me llamaban para solicitarme montas de alguno de mis ejemplares.

Exigente como soy (con fama de antipática también, lo admito, y de poco diplomática), acostumbro a hacer un buen número de preguntas con la intención de obtener respuestas que me sirvan para evaluar si esas personas tienen alguna noción, la suficiente, para hacer las cosas bien. Y una de las primeras preguntas que acostumbro a hacer a mis interlocutores va dirigida a tratar de obtener información sobre la línea de sangre de la hembra a cubrir… es entonces cuando me encuentro con el primer “soponcio”, porque habitualmente recibo una contestación que me hace temblar… algo así como “la perra es del afijo X o Y”, y eso, definitivamente, no responde a mi pregunta.

También es habitual que cuando requiero información sobre los progenitores, no se me sepa decir siquiera los nombres del padre y la madre de esa hembra que hipotéticamente debiera ser cubierta por uno de mis sementales. Segundo soponcio.

Ya hemos hablado suficientemente sobre la importancia de conocer a los antepasados de aquellos dos ejemplares, macho y hembra, que queremos cruzar y por lo tanto no voy a incidir sobre ello… concentrémonos ahora en saber qué es una línea de sangre y un afijo.

Afijo es, por decirlo de alguna manera, la “marca de fábrica”, el “apellido” que llevarán los cachorros nacidos y criados por una persona, independientemente de su filiación. (es decir de quienes sean el padre y la madre de la camada), siempre y cuando la hembra sea propiedad de esa persona en el momento del parto y de la posterior inscripción de la camada en el Libro de Orígenes de la Sociedad Canina que corresponda. Esto significa que sólo si la madre de la camada es propiedad de la persona que ostente un afijo, pueden los cachorros ser registrados con ese afijo.

La tramitación de solicitud de un afijo es un procedimiento relativamente sencillo y estandarizado en todos los países cuyos Kennel Clubs están afiliados a la Federation Cynologique Internationale. Suele rellenarse un formulario, dando como mínimo tres posibles nombres para el afijo (no pueden ser nombres propios), y abonando una cantidad par la tramitación e inscripción del mismo. En pocas semanas, salvo que ninguno de los nombres sugeridos sea factible de ser utilizado (porque ya exista otro afijo en el ámbito de la FCI similar), se recibirá la comunicación de que uno de ellos ha sido aceptado.

Pero ¿qué es una línea de sangre? Algo mucho más complejo y elaborado. Algo que no se deriva de un trámite puramente burocrático. Algo que se “construye” con tiempo, a partir de otras líneas de sangre de las que se debe nutrir el criador para consolidar la suya propia. Y se establece a partir de la relación familiar de parentesco de unos perros con otros, que puede ser directa (establecida de padres a hijos) o colateral o indirecta (cuando se establece entre animales que descienden, en distinto gradoa, de ancestros comunes como son por ejemplo hermanos o medio-hermanos, tíos, primos, sobrinos, abuelos, etc.).

En una población tan reducida como es la de una raza canina, y más todavía la de una línea de sangre (en inglés “bloodline”, aunque también se utiliza en término “strain”), especialmente cuando se trata de razas poco extendidas, la relación de parentesco suele ser muy cerrada, lo que significa que entre unos individuos y otros existen muchos genes en común, y eso implica que los perros tengan grandes similitudes entre sí, tanto en fenotipo como en genotipo.

Cuando un criador emplea habitualmente los cruces endogámicos, tanto en forma de in-breeding como de line-breeding, crea una línea de sangre específica y fácilmente reconocible a los ojos de otros entendidos. Se fijan ciertas peculiaridades, como puede ser la predominancia de un cierto color de manto sobre otro, la forma de inserción de orejas o rabo característica, o, como es el caso de Castro-Castalia, por citar sólo un ejemplo, la aparición de un remolino típico en los hombros de muchos de los perros por mí criados, remolinos que se van transmitiendo de generación en generación.

Sin embargo hemos de tener siempre muy presente que dado que la combinación de genes que se produce durante la fertilización del óvulo por el espermatozoide es totalmente aleatoria, raramente se darán en una misma camada o en un mismo programa de cría dos individuos totalmente idénticos, clónicos… si bien es posible que, muy raramente, aparezcan dos gemelos nacidos a partir de un solo óvulo (gemelos uniovulares).

Dicho lo anterior ya debe quedar perfectamente claro incluso al lector más profano que existe una enorme diferencia entre una línea de sangre y un afijo. Y que incluso si varios perros ostentan el mismo afijo, no necesariamente están emparentados entre sí. Es decir, que el afijo no garantiza un parentesco determinado.

De hecho los criadores experimentados suelen nutrirse como ya he esbozado antes de varias líneas de sangre y establecer ellos mismos dentro de su programa de cría varias “familias” distintas, todo ello con el objeto de poder trabajar mejor genéticamente la raza, con el único propósito de mejor lo que ya existe, lo que ya tienen entre manos.

Un dato importante que cualquier neófito debe tener en cuenta es que un nombre de un supercampeón que aparezca en un pedigrí, incluso más de una vez, no tiene por qué ser una garantía de nada en realidad. No nos obsesionemos pues con eso… y recordemos siempre que TODOS, digo bien, TODOS los antepasados aportan su proporción de genes en igualdad (numérica, al menos) de condiciones. Otra cosa bien distinta es que en a aportación genética que cada individuo haga, unos transmitan mayor cantidad de genes homocigotos que otros; y los que lo hagan, se dirá que “transmiten” mejor.

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(Texto original, escrito por Christina de Lima-Netto y/o Federico Baudin específicamente para esta página Web y protegido con Copyright. No puede ser reproducido ni total ni parcialmente por ningún medio, sin el expreso consentimiento de Castro-Castalia por escrito)

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