Castro-Castalia Bullmastiffs

El control de los desordenes Genetico, Castro-Castalia Bullmastiffs
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El arte de Criar perros de Raza

El control de los desordenes Genetico, Castro-Castalia Bullmastiffs

En el capítulo anterior puse sobre la mesa una reflexión que tiene que ver con la honestidad del Criador, con mayúsculas, que es capaz de reconocer cuando surge un problema en su Programa de Cría y trabajar en el sentido oportuno para evitar su mantenimiento y proliferación, frente a esos otros pseudo-criadores a los que poco les importa perpetuar defectos hereditarios y enfermedades de todo tipo, porque lo que menos les preocupa es la selección y mejora de la raza (o razas) a la que se dedican, no tanto por pasión ni compromiso, sino con un fin puramente crematístico en la gran mayoría de casos.

Ahora es llegado el momento, un poco a colación de lo anterior, de poner la mano sobre la llaga y preguntarse cómo puede cualquiera que esté genuinamente interesado en hacer las cosas bien, realizar un control exhaustivo sobre los desórdenes genéticos que pudieran afectar a sus líneas de sangre y a su programa de cría.

Pongámonos pues, manos a la obra.

Lo primero que el Criador responsable tendrá que preguntarse, con respecto de su raza en general y de sus líneas de cría en particular, cuando se encuentre con un problema es:

  1. Se ha confirmado una base hereditaria en ése problema?

  2. Cuál es la incidencia?

  3. Cómo se hereda/transmite el problema?

  4. De qué forma pueden identificarse los genes recesivos portadores?

Las respuestas a tales cuestiones no siempre se obtienen fácilmente y a veces incluso resulta casi imposible encontrarlas porque desgraciadamente la Genética Canina, a pesar de lo mucho que ha avanzado en los últimos años, se encuentra aún en pañales.

Aún así y a pesar del pequeño camino recorrido desde que un día, hace ya ciento cincuenta años, Mendel (1822-84) comenzara a jugar con sus guisantes olorosos, ya empezamos a ser capaces de atisbar algunas cosas.

El caso es que dado que estas cuatro cuestiones resultan de vital importancia para la consecución de un Programa de Cría de absoluta garantía y máxima calidad, vamos a dedicarnos en este capítulo exclusivamente a tratar de explicar y responder a la primera de las cuestiones, la de la confirmación de si los defectos aparecidos en uno o más individuos de una o más camadas tienen una base hereditaria o influenciada por causas medioambientales; dejaremos la de la incidencia de éstos en dicho Programa de Cría para el capítulo siguiente y las otras dos cuestiones, para más adelante pues aquí no se trata de resumir sino de comprender. Y comprender todo esto no resulta demasiado fácil. Ya lo anticipo.

En este sentido pues, lo primero que hemos de tener presente y asumido es que el diagnóstico de una gran parte de las enfermedades hereditarias se ve complicado, en muchos casos, por la aparición de problemas no hereditarios que producen una presentación clínica similar. A estos problemas no hereditarios que enmascaran la situación, se les denomina fenocopias dado que presentan un fenotipo similar a un rasgo puramente genético, aún cuando estén producidos por razones muy diferentes y casi siempre debido a problemas medioambientales que afectan al embrión en fase de desarrollo o al cachorro en fase de crecimiento.

Lo peor del asunto es que ser capaces de diferenciar entre un problema heredado y una fenocopia, es crucial para la consecución del objetivo primordial de todo Criador responsable que no es otro que seleccionar ejemplares sanos y libres de taras para desarrollar y perpetuar un Programa de Cría de absoluta calidad. Y por lo tanto hay que estar muy atentos a cualquier defecto o anomalía que presente cualquier nuevo cachorro en un momento dado. Máxime porque del correcto análisis de la situación dependerá el éxito mismo de dicho Programa de Cría.

En otras palabras, el Criador con la ayuda del Veterinario tendrá que ser capaz de detectar si una cola partida (por tomar un ejemplo que nos resultó muy válido en el capítulo XII de esta serie) es el resultado de la transmisión genética por parte de los progenitores o de una malformación congénita atribuible a causas medioambientales o de otra índole. El por qué es bien simple; en el primero de los casos habrá que investigar cuál de los progenitores es el responsable de la transmisión del problema y, en su caso, apartarlo del programa de cría y hacer lo propio con el o los individuos que se hayan visto afectados, y en el segundo, habrá que tomar medidas para evitar que en camadas posteriores se repitan circunstancias que puedan haber dado lugar a la tal malformación.

Centrándonos momentáneamente en el caso de que sean condiciones medioambientales las que favorezcan la aparición de una anomalía, tenemos que existe una ciencia denominada Teratología que estudia las malformaciones congénitas y cualesquiera desviaciones de la normalidad y tenemos también que se denominan teratogenes aquellas sustancias, agentes o procesos que interfieran en el normal desarrollo prenatal. La Teratología se ocupa pues del estudio de los agentes teratogénicos tales como drogas, productos y agentes químicos e infecciones de origen viral o bacteriana susceptibles de afectar al embrión.

No olvidemos que el tejido embrionario es especialmente susceptible y muy vulnerable a cualquier agente teratogénico, y no olvidemos tampoco que la fase embrionaria, especialmente delicada, empieza con la primera división del ovocito fertilizado en dos células y continúa hasta en tanto las estructuras básicas pueden ser reconocidas en un feto, lo que significa que embrión será el individuo desde el momento mismo de la concepción hasta aproximadamente los 25 días de haberse producido esta). La afectación o defecto producido por un agente teratogénico vendrá pues determinada por el momento en que se produce la exposición a éste y por el grado de afectación que el agente produce sobre el embrión.

Son muchos los agentes teratogénicos que pueden tener una influencia directa en la aparición de defectos congénitos y lo que es peor es que la mayoría están al alcance de la mano de cualquiera y pueden ser empleados con la mejor de las voluntades por el Criador inexperto o poco informado, causando serios problemas de los que uno no llega a ser nunca verdaderamente consciente si no tiene la necesaria información al respecto.

Algo tan simple, por ejemplo, como la deshidratación o el golpe de calor en una hembra preñada puede resultar en la aparición de paladares hendidos y labios leporinos, por ejemplo; algunos antibióticos administrados en las primeras semanas de embarazo son los responsables de la criptorquidia (ausencia de uno o de los dos testículos) y, sin ir más lejos, la administración de ciertos suplementos vitamínicos o minerales pueden llegar a causar defectos de la arteria aórtica (por hipercalcemia materna), defectos del esqueleto (por abuso de la Vit. D) y también los propios paladares hendidos (por vitaminosis de Vit. A, D o E).

Qué cabe hacer entonces para evitarlo? Pues documentarse y no andar dando palos de ciego; no fiarse del consejo de otros colegas que digan que tal o cual suplemento, tal o cual medicamento, tal o cual producto hizo maravillas durante el embarazo de sus perras.

Pero sólo esto no vale. Hay más datos a tener en cuenta como por ejemplo que algunos productos químicos (la mayoría de ellos, realmente) también pueden ser responsables de la aparición de taras congénitas y por lo tanto en la medida de lo posible evitar su uso cuando haya perras preñadas. Tal es el caso de los pesticidas y herbicidas, dado que la mayoría de ellos pasan al torrente sanguíneo por absorción a través de la piel y de las almohadillas plantares. Asimismo hay que evitar el uso y abuso de antibióticos (salvo por prescripción veterinaria y ésta hecha siempre en base a que el facultativo sea debidamente informado del posible o hipotético estado de gestación de la hembra) y de muchos otros medicamentos que en condiciones normales son beneficiosos para la salud del animal pero que en un caso como este pueden resultar catastróficos para su descendencia.

Aparte de agentes químicos, medicamentos y suplementos de todo tipo y accidentes, hay todavía que tener en cuenta que otras pueden ser las causas para la aparición de ciertas taras, como por ejemplo el mero estrés (hembras que viajan a Exposiciones caninas, por ejemplo, durante las primeras semanas de gestación suelen parir camadas reducidas y a veces individuos con defectos fácilmente identificables ya desde el nacimiento), una dieta inadecuada e incluso la climatología, sobretodo por ejemplo cuando se producen cambios de temperatura extremos en pocos días u horas incluso.

Ahora que ya sabemos que existen causas ajenas a las puramente hereditarias para la aparición de defectos y taras, es el momento de pensar en que en muchas otras ocasiones tales taras son la consecuencia de la herencia en sí misma y no pueden ser atribuibles a factores externos ni medioambientales.

Y en tal caso, cabe preguntarse de qué forma se puede llegar a sospechar que ésta sea la causa y no la anterior. La respuesta no es sencilla, pero generalmente cuando existe una base familiar, esta puede reconocerse y tomarse en cuenta dado que el defecto en cuestión aparece en varios miembros de una misma familia y se repite con cierta frecuencia. Claro que otra vez nos encontramos con que dado que varios miembros de una misma familia pertenecientes a un mismo criadero pueden verse afectados por los mismos agentes teratogénicos, otra vez podemos tener que esos agentes sean los causantes y no la genética en sí misma.

Estamos pues en presencia de un dilema, de una dificultad añadida para ser capaces de identificar causas posibles que justifiquen o expliquen problemas reales que afectan a un Programa de Cría y que pueden estar o no relacionados con la herencia. Difícil cuestión. El análisis exhaustivo de las distintas posibilidades y el conocimiento de aquellas situaciones que hayan podido poner en riesgo una camada, es pues de vital importancia y la evitación de tales riesgos, también.

Abundando en el tema de la herencia familiar tenemos que hay que ser capaces de identificar correctamente si un defecto tiene su base en la conjunción de genes aportados por los dos progenitores y su combinación aleatoria, la conjunción de situaciones medioambientales teniendo por tales todas las exhibidas anteriormente o la combinación de lo uno y lo otro, léase de genes y ambiente.

Se hace entonces necesario realizar un estudio exhaustivo de las posibles causas de una u otra índole y para hacerlo hay que contar con el máximo número posible de datos referidos a los ancestros de la camada (directos e indirectos) y esos otros que tienen que ver con la manipulación que se haya hecho de la madre (y a veces también del padre) de la camada antes de la fecundación y durante la primera etapa, sobretodo, del embarazo.

Del correcto análisis de todos los datos y sólo de este, se puede llegar a atisbar dónde está el problema. Unas veces será de índole puramente hereditario pero muchas otras no y ser capaces de identificar el origen es parte del secreto pues no siempre se puede culpar a padre o madre o ambos de la aparición de tal o cual defecto, como tampoco se les puede eximir siempre de culpa echándosela exclusivamente a la climatología, la dieta, el estrés, el uso de fármacos inadecuados o de suplementos poco recomendables en un momento dado o incluso accidentes de todo tipo que afecten de una manera u otra a la hembra gestante.

Aquí una vez más nos encontramos con que la honestidad del Criador juega un papel importante, si no esencial, para ser capaces de determinar qué es lo que ha salido mal y corregirlo.

La buena noticia es que si lo que ha dado lugar a la aparición de tal o cual defecto tiene que ver con agentes teratogénicos, evitados estos, se evita la multiplicación de tales defectos y su nueva aparición. La mala es que si se trata de un problema puramente hereditario, para lograr ese mismo objetivo habrá que ser mucho más drástico y eliminar del programa de cría a los individuos susceptibles de transmitir y multiplicar el problema. Difícil cuestión para muchos dado que en ocasiones llegar a tal conclusión significa tener que volver atrás a veces incluso varias generaciones para acabar con el problema y esto no todos los que se dedican a la cría están dispuestos a hacerlo.

Con respecto de la segunda de las cuestiones, la de la incidencia, tenemos que no resulta nada fácil descubrir hasta qué punto esta está presente en el pool genético de tal o cual raza. A ello dedicaremos el próximo capítulo.

El Arte de Criar Perros de Raza La Crianza es un Arte
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(Texto original, escrito por Christina de Lima-Netto y/o Federico Baudin específicamente para esta página Web y protegido con Copyright. No puede ser reproducido ni total ni parcialmente por ningún medio, sin el expreso consentimiento de Castro-Castalia por escrito)

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