Castro-Castalia Bullmastiffs

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El Pastor del Pirineo, Castro-Castalia Bullmastiffs

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Piruleta y Pica-Pica de Castro-Castalia

Los pastores del Alto Pirineo dicen del PdP que tiene que “ser capaz de contentarse con comer el grillo que aparece tras el arado”. Y lo cierto es que una raza tan rústico como esa no presenta todavía unas exigencias demasiado grandes a la hora de elegir su menú.

La tendencia actual por parte de la mayoría de los dueños es alimentar a sus perros con piensos preparados, por cuanto esto simplifica enormemente la tarea de preparar su comida y su cena; sin embargo cada vez son más los expertos que opinan que los alimentos preparados, pudieran estar en el origen de muchas de las enfermedades que se presentan en animales cada vez más joven, como consecuencia del uso de ciertos conservantes, colorantes, emulsionantes y saborizantes que se emplean para evitar la oxidación, mejorar la presentación, hacer más atractiva la textura y el sabor de esas comidas que vienen en sacos de 15 o 20 kilos o en latas.

Personalmente me decanto por la alimentación más natural, pero si no es posible dedicar unas cuántas horas a la semana a preparar menús variados y sabrosos para el perro, entonces cuanto menos sería conveniente que el animal tuviera ocasión de comer no sólo su pienso diario, sino disfrutar de algunos complementos en forma de comida fresca; carnes y pescados, huevos, fruta fresca y frutos secos, hortalizas  (especialmente verduras de hoja verde oscura), quesos blancos y derivados lácteos del tipo de los yogur con lactobacillus y bífidus. Productos todos ellos que hacen parte de la cesta de la compra habitual de cualquier hogar.

Para hacerlo bastará por ejemplo con alimentar al perro dos veces al día; una de las tomas, preferentemente la de la mañana, será aquella en la que el perro coma el alimento seco o enlatado. Por la noche se le ofrecerá la comida fresca, mezclando en un bol 1/3 de carne blanca o roja o pescado  azul (unas y otros siempre piados, en crudo o sólo ligeramente pasados por la sartén con un poco de aceite de oliva, en caso de que se sospeche la presencia de parásitos), 1/3 de verduras (cualquiera de hoja verde oscura, excepto perejil, además de espárragos verdes, calabaza, calabacín, coliflor y esporádicamente tomates) perfectamente trituradas previamente y 1/3 de frutos secos (almendras, nueces, avellanas, cacahuetes) también perfectamente triturados. La mezcla se rocía con un chorrito de aceite de oliva de calidad, añadiéndose uno o dos dientes de ajo crudos y pelados. Una o dos veces a la semana se sustituyen los frutos secos por un huevo duro, cocido con su cáscara (es importante que la cáscara se triture hasta convertirla en una harina).  Otro día a la semana se pueden cambiar los frutos secos por arroz o pasta integral cocidos en agua sin sal.

Las frutas, que son excelentes por su aporte vitamínico, deben ser administradas siempre por separado del resto de los alimentos, dado que su asimilación es mucho más rápida, por lo que es conveniente, por ejemplo, dar una o dos piezas (manzanas, peras, plátanos, aguacates, mandarinas, naranjas, pomelos,  melón, sandía, etc) a media mañana o a media tarde.

En cuanto a los lácteos, asimismo conviene darlos por separado; así por ejemplo si el perro toma fruta por la mañana, tomará el queso, la cuajada o el yogur por la tarde, o vice-versa. Alguna vez se le puede ofrecer una taza de leche de cabra o de soja, nunca de vaca, para variar.

El pan duro de varios días es también excelente para mantener la dentadura y las encías sanas y limpias.

Una de las mayores ventajas de la alimentación natural, reside en el mejor aprovechamiento de los nutrientes, lo que se traduce en una mayor vitalidad, un aspecto más lustroso y la desaparición de muchos y desagradables problemas de piel que suelen ser consecuencia de la dificultad que el organismo manifiesta para eliminar todos los elementos tóxicos que ingiere con la comida preparada. Pero además, el perro así alimentado tiene tendencia a beber mucho menor cantidad de agua (pues recibe la que necesita a través de la comida fresca), reduciendo substancialmente el riesgo de padecer una torsión de estómago y no sólo eso, sino que además la producción de heces es también significativamente más baja, dado que aprovecha mucho mejor todos lo que ingiere.

En condiciones naturales el PdP no disponía en su hábitat, de las facilidades que tiene hoy para alimentarse en gran cantidad y a diario. Se nutría apenas de pan duro, quedo, cuajada y leche fresca de cabra, además de los restos de la comida del amo y si acaso eventualmente con la carne, piel y huesos de los pequeños roedores que cazaba, junto con hierba alta y fresca de los pastos, frutas y bayas y agua de los arroyos. Y no sólo eso, sino que además ingería siempre que quería las deposiciones de los rumiantes a los que conducía!

Esta dieta y sus frugales condiciones de vida han hecho del PdP un perro sano, resistente, libre de muchas de las enfermedades óseas, digestivas y alérgicas que son tan habituales entre el resto de sus congéneres, acostumbrados a través de varias generaciones a una alimentación mucho más “sofisticada”.

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(Texto original, escrito por Christina de Lima-Netto y/o Federico Baudin específicamente para esta página Web y protegido con Copyright. No puede ser reproducido ni total ni parcialmente por ningún medio, sin el expreso consentimiento de Castro-Castalia por escrito).

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