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Nala, Castro-Castalia Bullmastiffs

Nala

"Diariamente la sociedad humana ejecuta a miles de perros, perros que durante toda su vida solo buscaron portarse lo mejor posible ante sus "amos", ellos no mueren por ser "malos", mueren por ser inconvenientes (E.Marshall)"

Adoptar un perro abandonado es un acto que dice mucho a favor de la persona que así lo hace; habla de su sensibilidad y de su capacidad de aceptar poner en su vida un animal que tiene un pasado raras veces conocido, un pasado que –desgraciadamente— suele ser, con demasiada frecuencia, sumamente traumático para el individuo, lo que le hace ser imprevisible, arisco, desprendido, desconfiado, en algunos casos, si bien también se puede dar –y así ocurre, con bastante frecuencia— que precisamente por esa necesidad especial, y casi compulsiva, de afecto y atención, se convierta ya no en el compañero ideal sino en la auténtica sombra de ese propietario que le ha salvado de una vida a todas luces difícil y triste, si hubiera de seguir sólo.

La mayoría de quienes optan por esta posibilidad, que les honra, son personas que ya han tenido o tienen otro u otros perros o mascotas y que se muestran, quizás precisamente por eso, especialmente sensibles hacia esos animales que no han tenido tanta suerte como los propios. En ocasiones puede tratarse de hombres o mujeres de mediana edad, que viven solos y que buscan paliar los efectos de su propia soledad con la compañía del perro; tantas veces son además personas con escasos medios económicos, que no pueden pensar en acercarse a un criador reputado o a una tienda especializada para adquirir un ejemplar de raza, con todos sus papeles en regla, con el consiguiente costo añadido que ese hecho tiene para su bolsillo. Pero otras veces, se trata de parejas plenamente consolidadas, que deciden darles a sus hijos la oportunidad de convivir con su primera mascota, a la vez que tienen muy presente que eligiendo a un animal de cuántos están recogidos en Centros municipales o privados, le están dando una segunda oportunidad. También puede ocurrir, y de hecho ocurre, que se trate de gente que ya convive con otro animal de compañía, sea o no de la especie canina y se trate o no de un ejemplar de pura raza que, sencillamente, satisfecha con su experiencia de convivencia, decide que ha llegado la hora de incluir en “su” familia otro miembro más y que, ya puestos, mejor será que se trate de uno que esté desamparado, desprotegido y, si cabe, más necesitado de esa nueva oportunidad.

Sea como fuere, el caso es que a unos y a otros se les pueden plantear toda una serie de dudas… ¿Será el animal que ha vivido en una perrera durante semanas o meses, capaz de adaptarse fácilmente a la vida en un piso?, ¿será el perro al que nunca se han enseñado un mínimo de normas de convivencia, susceptible de aprenderlas sin demasiadas dificultades?, ¿se adaptará?, ¿sus experiencias pasadas, que cualquiera dará por sentado que en un momento dado no han sido precisamente positivas, no le afectarán a la hora de tener que convivir con seres humanos, máxime si en el pasado los seres humanos les han traicionado e incluso maltratado? ¿Podrán los perros que han vivido en condiciones extremas de abandono y maltrato, reciclarse y después de haber tenido que emplear uñas y dientes para sobrevivir, ser nuevamente apacibles y serenos?

Obviamente cada una de estas cuestiones y muchas otras que pudiéramos plantearnos al respecto, van a tener múltiples respuestas. El perro, cualquier perro, es un ser vivo capaz de manifestar diferentes comportamientos dependiendo de las situaciones en las que tenga que verse y de las circunstancias que le hayan de rodear en cada preciso momento. No es tanto cuestión de que se trate de un animal previamente abandonado y maltratado –aunque esto pueda tener cierta influencia, ocasional y puntualmente, al menos— sino de cuáles sean los rasgos que de modo más significativo definen su personalidad e influyen en su comportamiento. Y, por esta misma regla de tres, siempre habrá animales que habiendo vivido cómodamente, protegidos y cuidados toda su vida, sean poco de fiar y capaces de darnos algún susto y otros, que habiendo tenido que vérselas con el mayor cúmulo imaginable de adversidades y dificultades sean sin embargo perfectamente fiables y totalmente tranquilos, independientemente de lo que se les ponga por delante.

Pero no es menos cierto que quienes hemos tenido la oportunidad de tratar y convivir con perros “rescatados”, bien porque los hayamos recogido directamente de una cuneta o porque hayamos ido a buscarlos a una perrera, independientemente de que se trate de mestizos o de ejemplares aparentemente puros (si bien no lleven en la boca el consabido pedigrí de tres o más generaciones que lo acredite), hemos comprobado hasta la saciedad que estos animales, quizás porque han estado abocados al menos temporalmente a vivir en situaciones límites, en las que han tenido que buscarse las mil y una maneras para sobrevivir, parecen más listos, más rápidos, más capaces de aprender y resolver problemas y, también, más agradecidos, como si de alguna manera, las dificultades y penurias vividas les hayan hecho crecerse ante la adversidad y valorar más lo que de bueno les podamos nosotros, luego, ofrecer.

La lógica nos dice que es perfectamente razonable esperar que tenga que producirse una etapa de adaptación; etapa esta que varía dependiendo de múltiples circunstancias. El cachorro, probablemente, estará más presto para sumergirse enseguida en lo cotidiano, como si se tratara de una tabla rasa en la que nosotros escribimos lo que mejor nos parezca, pero quizás el perro ya más “curtido” tenga mayor dificultad para acatar nuevas reglas y normas, en especial si ha sobrevivido a su libre albedrío durante un cierto tiempo. ¿O no? Estas dudas, realmente, sólo tienen una forma de ser resueltas: probando y esperando a ver qué pasa. Siendo pacientes y a la vez firmes, cariñosos pero también suficientemente exigentes, para que el animal sepa que tiene a su lado a un guía del que poder fiarse y por el que dejarse conducir, como lo haría, en estado salvaje, bajo la tutela del perro Alpha del grupo social al que hubiera de pertenecer.

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(Texto original, escrito por Christina de Lima-Netto y Federico Baudin específicamente para esta página Web y protegido con Copyright. No puede ser reproducido ni total ni parcialmente por ningún medio, sin el expreso consentimiento de Castro-Castalia por escrito).

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