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Vacunas ¿si o no?, Castro-Castalia Bullmastiffs
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Vacunas ¿si o no?, Castro-Castalia Bullmastiffs

EL MES PASADO ANALIZÁMOS ALGUNAS DE LAS RAZONES POR LAS QUE LAS VACUNAS NO SIEMPRE RESULTAN EFECTIVAS Y TAMBIÉN LOS MOTIVOS POR LO QUE CADA VEZ
HAY MÁS PERSONAS RETICENTES A ADMINISTRARSELAS A SUS MASCOTAS.
ESTE ES UN DEBATE LARGO Y COMPLICADO EN EL QUE NADA ES BLANCO O NEGRO Y QUE TIENE MUCHOS MATICES.

Además de las razones que ya hemos apuntado en el capítulo anterior, respecto de los motivos que hacen que las vacunas no siempre sean todo lo efectivas que cabría esperar, este mes consideraremos otras que son igualmente determinantes y que no siempre son tenidas en cuenta por los propietários. Véamos.

Ocurre que cuando una camada es vacunada contra tal o cual enfermedad (especialmente si se emplean vacunas polivalentes), no todos los cachorros quedan protegidos en igualdad de condiciones y puede darse el caso de que, al cabo de semanas o incluso meses, algunos de ellos caigan enfermos. Cuando esto ocurre lo habitual es culpar al criador y ¡cuantas veces! acusarle de fraude, de falsificación de cartilla veterinária, etc. etc.

Sin embargo lo cierto es que las causas que por regla general implican un "fallo" en la protección de los cachorros mediante la vacunación tienen mucho que ver con el hecho de que el antígeno o antígenos que son inoculados en un momento determinado, resulten incapaces de conferir al  organismo de lo que podríamos llamar memória inmunizante, y ello  independientemente de que el individuo, en el momento de la vacunación, cuente o no con los anticuerpos pasivos, que le hubieran sido transmitidos por la madre durante la gestación por via placentária y a través de los calostros (ver capítulos anteriores). Tambien puede darse el caso de que la capacidad de respuesta inmune del individuo o individuos vacunados esté suprimida como conscuencia de una parasitación interna o externa importantes o por efecto de una malnutrición seria; esto justifica suficientemente que solo aquellos cachorros que previamente hayan sido convenientemente desparasitados y que estan en óptimas condiciones físicas sean vacunados. Otra causa que explica el que los efectos derivados de la vacunación no sean los esperados está directamente relacionado con situaciones de estrés (cachorros que luego de recibir las vacunas sean desplazados a nuevos ambientes o vivan situaciones límite cualesquiera que sean estas) y de fatiga o agotamiento, o con  drásticos cambios climatológicos --de frio a calor o de calor a frio-- y ello porque, segun se ha comprobado, estas alteraciones, tanto emocionales como medioambientales, producen en los individuos afectados  un incremento en la producción de glucocordicoides por parte del organismo. 

Por todo ello resulta de vital importancia no solo respetar unos plazos mínimos adecuados para la administración de las vacunas, especialmente en lo que ateñe a la primovacunación, que no debe tener lugar nunca de forma prematura --salvo que los riesgos de no vacunar al individuo o individuos superen con creces la propia contraindicación de hacerlo-- sino hacerlo respetando siempre unos plazos intermedios entre esas primovacunaciones y las revacunaciones y, tambien, tener perfectamente en cuenta que es muy contraproducente inocular al animal tal que hoy y entregarlo al futuro propietário casi inmediatamente (el mismo dia, 24, 48 o 96 horas después, etc.). En este sentido lo más recomendable es que, si el cachorro ha de ser entregado a sus nuevos dueños o ha de sufrir cualquier tipo de estrés por las razones que sean, se estudie convenientemente un calendario adecuado a sus necesidades y condiciones específicas, de manera que la vacunación se realice respetando el que desde que es vacunado hasta que se ve inmerso en un cambio de hogar o expuesto a un viaje, transcurran al menos doce o quince días. Esto se aplica también a los sujetos de mayor edad. Es igualmente vital que antes de proceder a la vacunación de cualquier individuo, independientemente de la edad, se realice una óptima desparasitación que asegure que el organismo esté en condiciones óptimas para hacer frente a la "invasión" de microorganismos que van a entrar en el organismo de forma tan directa como es a través de un pinchazo o un spray nasal.

Porque, no lo olvidemos, la Madre Naturaleza siempre tan sabia y tan previsora ha dotado los organismos de los mamíferos (y en general de todos los seres vivos) de una serie de barreras protectoras frente a la agresión e invasión de agentes infecto-contagiosos susceptibles de causar enfermedades; la piel es una de esas barreras, como lo son tambien las membranas mucosas. Cuando un sujeto entra en contacto con un agente infecto-contagioso (léase virus o bacterias, micoplasmas, etc.) contenido en el aire, en las heces o la orina de otro individuo, en la saliva, etc., lo cierto es que esas barreras protectoras juegan un papel importante y van deteriorando y disminuyendo la capacidad infectiva de los microorganismos en cuestión, que cuando finalmente alcanzan el interior del organismo,  lo hacen ya bastante mermados. Luego, se ponen en marcha las defensas que funcionan como un ejército perfectamente organizado y que se ocupan de destruir a los agentes invasores; unas defensas (anticuerpos) que habitualmente están perfectamente especializadas y que juegan, cada cual, un papel definido, concreto y destacado. Se trata de un proceso perfectamente concatenado que funciona correctamente, siempre que el individuo esté sano y su sistema inmune en óptimas condiciones.

Al administrar una vacuna, cualquiera que sea esta, pero especialmente si se trata de alguna de las que contienen antígenos "vivos" y más aún si se trata de vacunas multiples, polivalentes, esta es inoculada sin que el organismo pueda hacer uso de esas barreras protectoras de que dispone; y esos agentes infecciosos llegan al interior del organismo por así decirlo en plenitud de facultades, sin dar tiempo a los ejércitos para que se organicen y decidan la estratégia a seguir... y lo que es aún peor, muchas veces no llegan de uno en uno, sino que de repente el sujeto vacunado se encuentra con que sus defensas tienen que hacer frente no a un virus sino a tres, cuatro, cinco o seis a la vez! Si lo quisiéramos definir gráficamente podríamos decir que lo que ocurre entonces en el interior del cuerpo es el CAOS. Este es --al menos-- el argumento que emplean los detractores de las vacunas...

Y son precisamente los detractores, quienes afirman que las vacunas pueden convertirse en los detonantes, en ciertos individuos, de la aparición de varias enfermedades autoinmunes, enfermedades autoinmunes que en opinión de la Dra. Jean Dodds, una eminente hematóloga e investigadora norteamericana, pueden ser inducidas por "virus o vacunas, estrés, hiperactividad hormonal o por causas genéticas". Dodds vá más allá y afirma que "los virus inmunosupresores de las clases retrovirus y parvovirus se han asociado como causas de malfuncionamientos médulares, enfermedades sanguíneas inmunomediadas, linfomas y leucemia, desarreglos de la inmunidad humoral y celulomediada, fallos orgánicos (hígado y riñón), y desarreglos endócrinos autoinmunes, especialmente de la  glándula tiroides (tiroiditis) de las glandulas suprarrenales (enf. de Addison) y del páncreas (diabetes). Enfermedades víricas y vacunaciones recientes en las que se administraron dosis simples o combinadas de vacunas atenuadas (modifided live virus - MLV), están siendo reconocidas como posibles detonantes en la aparición de enfermedades sanguíneas inmunomediadas, disfunciones de la médula ósea y de ciertos órganos internos".

Estas afirmaciones deben darnos que pensar. Y que meditar. Continúan siendo mayoría los que abogan por la vacunación regular, pero no es menos cierto que hay quienes apuestan por distanciar los plazos de administración de las dosis de recuerdo. De todo ello hablaremos el mes próximo.

LA VASTA FAMILIA DE LOS ANTICUERPOS*

IgA: inmunoglobulinas presentes en las membranas mucosas del organismo que suelen constituir el primer punto de contacto de los antígenos o agentes invasores, con el sistema inmune; juegan un papel que podría compararse con el de la policía de fronteras, evitando que los agentes infecciosos alcancen zonas más profundas del cuerpo.

IgD: se encuentran en la superficie de ciertos linfocitos, donde parecen funcionar como sensores que detectan la presencia de los antígenos, aunque sus funciones no son bien conocidas.

IgE: las inmunoglobulinas que actán frente a los antígenos alérgenicos; se encuentran en pequeñas cantidades en el flujo sanguíneo y se adhieren a    mastocitos y basófilos, células propias de los tejidos.

IgG: son esas inmunoglobulinas que paralelamente y a continuación de las IgM (ver abajo), entran en acción para luchar contra un antígeno, con un efecto más tardío y sin embargo más duradero en el tiempo que el de estas últimas. Circulan en la sangre y en los fluidos de los dejidos y son de todas, las más abundantes. Tienen además la capacidad de traspasar la placenta.

IgM: son las inmunoglobulinas que primero reaccionan frente a un antígeno, pero dado que su periodo de actividad es muy corto en el tiempo, no resultan por sí mismas suficientes para controlar una infección, por lo que necesariamente tienen que apoyarse en las IgG.

ENFERMEDADES AUTOINMUNES

· Alopecia
· Anemia hemolìtica
· Artritis reumatoide
· Diabetes mellitus
· Enfermedad de Addison
· Enfermedad de Grave
· Epilepsia y otras manifestaciones neurològicas
· Glomerulonefritis
· Hepatitis cronica activa
· Hipogonadismo
· Hipoparatiroidismo
· Lupus eritematoso
· Miastenia gravis
· Pémfigo, vitiligo y otras inflamaciones de la piel
· Poliarteritis nodosa
· Tiroiditis de Hashimoto
· Trombocitopenia púrpura idiopática
· Uveitis y otras enfermedades de los ojos (inmunologicas)

Sobre la Vacunacion ¿Que es una vacuna?
Obligatoriedad
Consecuencias
Efectividad
Estudios

(Texto original, escrito por Christina de Lima-Netto y/o Federico Baudin específicamente para esta página Web y protegido con Copyright. No puede ser reproducido ni total ni parcialmente por ningún medio, sin el expreso consentimiento de Castro-Castalia por escrito)

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