Castro-Castalia Bullmastiffs

Niños y perros, Castro-Castalia Bullmastiffs
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Niños y perros, Castro-Castalia Bullmastiffs

Niños y perros, Castro-Castalia Bullmastiffs

Llegamos al final de esta serie en la que a lo largo de los últimos cuatro meses hemos intentado plantear y conocer mejor las causas y razones por las que en determinadas ocasiones el perro, el mejor amigo del hombre, se convierte en su agresor.
Es momento de hacer balance y, más aún, de volver a insistir en que ser conscientes de la verdadera dimensión del problema y llamar a cada cosa por su nombre es la mejor forma de evitar males mayores.

Que el perro se ha convertido en parte esencial de muchas familias españoles y en un destacado miembro de cada una de ellas es obvio. Se calcula, aunque continuemos sin tener datos oficiales y fehacientes todavía al día de hoy, que más del 35% de los hogares en nuestro país albergan al menos a un perro y a veces, muchas veces, a más de uno. El perro es la más popular mascota y, tantas veces, el amigo preferido de chicos y mayores, su mejor confidente, su compañero de juegos y hasta de penas y alegrías. Eso sin olvidar que además, en la mayoría de casos, tener un perro lleva implícita una mayor sensación de seguridad y de bienestar.

Se trata pues de que cada una de esas personas que disfrutan de la compañía de un perro y esas otras que están considerando esta posibilidad, entiendan qué mecanismos pueden, en un momento dado y bajo ciertas y muy concretas circunstancias, hacer que el animal se vuelva momentánea o permanentemente agresivo, exhibiendo esa agresividad contra propios y extraños de forma tantas veces inesperada y extemporánea. A conocer las causas y el origen de este problema hemos dedicado esta serie. Me queda ahora hacer unas últimas puntualizaciones a forma de conclusión, pero sobre todo de recordatorio de todo lo que hemos venido conociendo en estas semanas.

Ya hemos visto en los capítulos anteriores que son los niños de corta edad y los ancianos los que corren mayor riesgo de ser agredidos por perros en un momento dado; vimos tambien que la mayoría de los ataques de perros a personas se producen en el propio ambito familiar o en su entorno más directo. Hay muchos datos que avalan suficientemente estas afirmaciones y las estadísticas arrojan siempre un resultado similar en cuanto a las causas que provocan estas situaciones. Se trata casi siempre de situaciones en las que el animal ve invadido su propio espacio, de mil maneras, tanto como de personas que no toman las suficientes y necesarias precauciones ante un perro. Otras veces son el resultado de la falta de socialización y del escaso imprinting recibido por el animal en las primeras etapas de su desarrollo cognitivo y social.

¿Qué cabe entonces deducir de todo lo anterior? Pues, diciéndolo pronto y rápido, que la prevención y la educación son las mejores herramientas para evitar problemas y situaciones de riesgo. Así de sencillo. Conociendo las causas y los detonantes es indudablemente más fácil ponerles coto.

Dicho todo lo anterior y habiendo, a lo largo de estos meses, hablado ampliamente de la relación que establecen perros y niños, de cómo deben ser educados unos y otros, y habiendo abordado también el tema de cómo introducir a un recién nacido en un hogar dónde hay un perro “rey”, llegamos al momento de las conclusiones finales.

Sería ideal y muy necesario –y desde aquí hago un llamamiento a las Comunidades Autónomas, a los Ayuntamientos, a las Escuelas Públicas y Privadas y a las Asociaciones de Padres— que de una vez por todas, en nuestro país, se siguiera el ejemplo de tantos otros países de Europa, además de Estados Unidos, Canadá y Australia, dónde desde hace ya varios años se vienen impartiendo de forma regular cursillos y charlas, en los que se implica a niños desde los 3 hasta los 16 años y a sus padres y educadores, por un lado, y a los mismisimos propietarios de perros, por otro, dónde se da información sobre cómo prevenir el riesgo.

En nuestro país ya se imparten cursos  de Educación Vial a los más pequeños, que están sirviendo para que sean más conscientes cuando circulan por calles y carreteras, y eso mismo debe hacerse con respecto de la forma en que los niños y los jóvenes deben saber abordar a perros, tanto si son propios o de algún familiar o amigo cercano, o si son perfectamente desconocidos. ¡Cuántos sinsabores podríamos ahorrarnos convirtiendo esas clases prácticas en una forma de juego y divertimento!

Es un hecho cierto y demostrado que aquellas comunidades dónde se han puesto en práctica estos cursillos, los resultados han sido espectaculares y el número de reportes de ataques de perros a personas han bajado de forma sustancial.

El dato incontestable es que más de la mitad de las agresiones de perros a personas se producen en el ámbito familiar, es decir parten del perro de la casa,  y que sólo aproximadamente el 10% de los ataques son producidos por perros desconocidos por las víctimas; irrefutable es igualmente el hecho de que los niños son las principales víctimas de estos ataques (el 70% de los casos). Más aún, el ingreso de niños en salas de urgencia motivado por las agresiones de un perro, van inmediatamente por detrás de los ocurridos como consecuencia de un accidente de tráfico (por atropello, por caída de una bicicleta o ciclomotor, por choque de vehículos) o de un traumatismo debido al daño recibido durante un partido de fútbol o cualesquiera otras actividades deportivas practicadas en la escuela o en fin de semana.

Parece pues lógico y perfectamente obvio que, habida cuenta de lo anterior, uno se pregunte cómo es que a día de hoy, nadie se haya tomado todavía en serio la posibilidad de llevar la educación y la prevención a las escuelas, para informar convenientemente a los niños sobre cómo evitar ciertas situaciones de riesgo.

En España, en los últimos años y después de algunos incidentes que tuvieron amplísima difusión en los medios de comunicación, los legisladores se dieron mucha prisa por sacar a la luz una ley que, en sí misma, pudiendo haber sido útil, ha quedado inutilizada por su propia inutilidad. Al final lo único que se ha hecho es condenar a unas pocas razas a la desaparición, crear una leyenda negra alrededor de otras cuántas más, asumir que todo perro de más de veinte kilos y de determinadas características es “peligroso” y poco más.

Sin embargo hechos posteriores han venido a demostrar lo que muchos ya sabíamos y habíamos dicho en público y en privado (yo misma tuve ocasión de hablar largo y tendido sobre todo ello ante sus Señorías en el Congreso de los Diputados en el año 1999), que empeñarse en estigmatizar unas razas y determinar cuáles sí son peligrosas y cuáles no lo son, es totalmente absurdo e inútil. Cierto que la pregunta del millón para muchas personas es ¿qué raza o razas de perros son las más peligrosas?, pero la respuesta no es fácil. De hecho, es prácticamente imposible, dado que cualquier perro, independientemente de su sexo, de su talla, de su peso, de sus características físicas, de que sea de raza o no lo sea, es susceptible de atacar a una persona, si se siente amenazado en alguna forma. Y ya sabemos, a raíz de los artículos anteriores, qué entienden los perros por “amenazas”.          

Por lo tanto, hagamos las cosas bien al menos por una vez. Y dediquémonos a lo que de verdad puede ser útil. No tanto a decidir qué perros sí y qué perros no son peligrosos, sino qué situaciones pueden o no ser susceptibles de producir peligrosidad. Y evitémoslas. Así de claro. Así de simple. Pongámonos, todos, manos a la obra. Los criadores, por un lado, seleccionando con esmero y propiciando un óptimo imprinting y una correcta y dilatada socialización a sus cachorros, los propietarios, asegurándose de educar convenientemente al perro que adquieren y enseñando a los niños lo que está bien y lo que no; los educadores, haciendo hincapié en todas las formas posibles en que esos niños, además de recibir el “mensaje” en casa, lo continúen recibiendo en su pupitre, para que les quede bien clarol los medios de comunicación fomentando el mejor conocimiento de lo que son los perros, su comportamiento y sus características, amén de los beneficios que aportan a la Sociedad, que son muchos, muchos más que los posibles riesgos, y las Autoridades, poniendo en marcha campañas de divulgación, educación y prevención a escala local, regional y nacional.

Sólo queda hacer una última reflexión y formular un deseo. Que toda aquella persona que tenga pensado poner en su vida un perro, antes de hacerlo medite perfectamente si está en condiciones óptimas para convertirse en un propietario responsable. Y que antes de proceder a su adquisición tome en cuenta las siguientes consideraciones:

  • ¿Se ha preocupado de documentarse ampliamente sobre las características de distintas razas para poder saber cuál se adecua mejor a su forma de vida y circunstancias personales?
  • ¿Es consciente de que, tener un perro en condiciones implica un enorme ejercicio de responsabilidad y de civismo?
  • ¿Dispone del tiempo necesario para educar, atender, cuidar, entretener y alimentar  convenientemente al animal?
  • ¿Cuenta con el espacio suficiente para tener adecuadamente al perro en casa?
  • ¿Se hace cargo de que el perro vivirá entre 10 y 15 años y de lo que eso implica en sí mismo?
  • ¿Está toda la familia implicada al cien por cien en el proyecto y conoce perfectamente todo lo que de bueno y de malo supone tener un perro en casa?

Y, por último,

¿Sus contestaciones a todo lo anterior son totalmente realistas y sinceras?

Si no es del todo así, por favor, piénseselo dos veces.

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(Texto original, escrito por Christina de Lima-Netto y/o Federico Baudin específicamente para esta página Web y protegido con Copyright. No puede ser reproducido ni total ni parcialmente por ningún medio, sin el expreso consentimiento de Castro-Castalia por escrito)

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