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¿Porque Muerden?, Analisis Agresividad, Castro-Castalia Bullmastiffs
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¿Porque Muerden?, Analisis Agresividad, Castro-Castalia Bullmastiffs

Morder no es otra cosa que clavar los dientes en una cosa o asir una cosa a otra, haciendo presa en ella.

En el caso de los perros y de todos los demás cánidos, morder es un componente clave del comportamiento depredador de esta Familia de mamíferos, como lo es también de muchas otras. Pero a diferencia de lo que ocurre con otros muchos animales, los cánidos sociales (perros y lobos principalmente) exhiben esta capacidad  de agresión intra-específica a niveles notablemente inferiores si los comparamos con otras especies. Ello se debe precisamente a los lazos que se establecen entre congéneres de una misma manada y al imprinting o imprimación de los cachorros a edad muy temprana y también a que su sociedad está muy jerarquizada por lo que, desde muy jóvenes, aprenden cual es el lugar que les corresponde en la pirámide social a la que pertenecen.

Así, solo en contadas ocasiones se producen agresiones en las que la capacidad de morder con intención de inferir daño a otro congénere se pone verdaderamente de manifiesto, porque la mayoría de las veces las situaciones se resuelven apenas con conatos de pelea (es la típica situación como si dijéramos de mucho ruido y pocas nueces) empleándose a fondo en el ejercicio de la mímica facial y corporal que pone a cada animal en su sitio.

Aun a pesar de la restricción en el empleo de la boca que se imponen a sí mismos los cánidos sociales, hay veces en las que morder es necesario en según qué contextos y situaciones, como por ejemplo para manifestar una actitud de dominio o de control sobre terceros (se trate o no de congéneres); para la defensa del territorio propio; en  la protección de la prole o de los miembros más débiles de la manada; cuando se compite por el alimento; cuando surge el miedo o cuando se siente dolor (en defesa propia).

Pero otras veces es la consecuencia de la selección programada de esta característica, impuesta por el hombre, para su propio beneficio o disfrute.  Y es que a lo largo de los siglos hemos sido nosotros quienes hemos procurado modificar substancialmente el comportamiento de los perros en nuestro favor, bien para convertirlos en animales cada vez mas capaces de ejercer funciones de guarda y custodia que agredan de manera controlada, cumpliendo una orden o para transformarlos en perros que sean susceptibles de atacar y matar a sus propios congéneres sin otra razón ni propósito que el entretenimiento de sus dueños.

En este segundo caso el hombre ha procurado mejorar la capacidad de ataque del perro contra sí mismo (lo que va en detrimento de su actitud social) mediante una selección perfectamente programada que ha tratado de incrementar la insensibilidad al dolor y la potencia mandibular hasta extremos inusitados.

Estudios recientes sugieren y parecen demostrar que los perros tipo "Pitt Bull" que han proliferado de manera especial durante las ultimas décadas --a imagen y semejanza de aquellos otros que estuvieron de moda durante los reinados de Enrique VIII y su hija Isabel I de Inglaterra y que constituyeron uno de los principales entretenimientos de la nobleza en ese país y en aquellos otros que se veían especialmente influenciados por todo lo que procedía de las Islas británicas-- tienen unos niveles de tolerancia del dolor significativamente superiores a los de sus congéneres, debido a una serie de peculiaridades de los neurotransmisores o receptores opiáceos del cerebro, peculiaridades estas que han sido inducidas por la intervención del hombre y la selección que se ha venido haciendo de manera sistemática para mejorar sus aptitudes físicas y psíquicas para la pelea.

En 1987 el Journal of the American Veterinary Medical Association publicó el trabajo de S. A. Brown, S. Crowell, T. Malcolm y P. Edwards titulado "Naloxone-responsive compulsive tail chasing in a dog", referido a un "Pitt Bull" que presentaba una sensibilidad inusitada frente a la morfina y el naloxone, que lo hacían especialmente inmune al dolor, hasta el punto de que se ha llegado a creer que existen una serie de diferencias fisiológicas entre los canes incluidos en esta tipología racial y los demás perros domésticos (incluidos los de razas grandes o gigantes que tradicionalmente desempeñan tareas de guarda, defensa y pastoreo).

Cabe resaltar que en circunstancias normales y naturales, los cánidos sociales manifiestan una serie de actitudes que están perfectamente encuadradas en un lenguaje corporal y facial especialmente tipificado para indicar su estado de animo e intenciones, que los congéneres de sus mismas especies son perfectamente capaces de identificar correctamente y que exhiben entre ellos de manera habitual, lo que evita la mayoría de las veces que las situaciones se desmanden.  Es por ello por lo que, habitualmente, cuando dos perros (o dos lobos) se enfrentan y se agreden entre sí, la lucha entre ellos se da por finalizada con bastante rapidez, toda vez que uno de los dos exhibe unas señales apropiadas que quieren decir "hasta aquí he llegado" y que se traducen en emitir unas vocalizaciones muy concretas (gañidos y gemidos, similares a las que producen los cachorros) y en manifestar un comportamiento de sumisión muy especifico (colocarse boca arriba ofreciendo al contrincante sus partes blandas y débiles, cuello, panza y genitales).

Sin embargo parece claro que los perros de tipo "Pelea de Perros" --y solo estos-- que han sido especialmente seleccionados para pelear entre sí, han visto totalmente suprimida esta capacidad. Ello explica que la mayoría de las veces cuando se producen ataques a personas o a otras mascotas caninas, por parte de este tipo de animales, las víctimas expliquen posteriormente que antes de que el ataque se produjera, el agresor no "avisó".  Explica asimismo por qué, cuando el perro pelea con otro perro (bajo la dirección de su dueño) estas peleas se prolongan incluso durante horas, porque ninguno de los contrincantes exhibirá en ningún momento el comportamiento arriba descrito que, en circunstancias normales, haría terminar rápidamente la contienda. Y, finalmente, explica también por qué la mayoría de las veces los animales llegan incluso a la extenuación y por qué la pelea solo se acaba cuando uno de ellos muere o, si antes de que esto ocurra los propietarios deciden darla por terminada, es necesario emplear un palo a modo de traba, para separar a los dos perros.

(Texto original, escrito por Christina de Lima-Netto y Federico Baudin específicamente para esta página Web y protegido con Copyright. No puede ser reproducido ni total ni parcialmente por ningún medio, sin el expreso consentimiento de Castro-Castalia por escrito).

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