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Gatos, Animales Magicos y Diferentes, Castro-Castalia Bullmastiffs

Gato que Todo lo Huele, Castro-Castalia Bullmastiffs

Dijo de él Pío Baroja que es demasiado perfecto y lo cierto es que el gato
y los felinos en general están hechos para adaptarse a cualquier medio y circunstancia como ningún otro animal.

Prueba de ello es el depuradísimo sentido del olfato y del gusto de que hacen gala, perfectamente combinados entre sí, en simbiosis absoluta, inseparables, que le dotan de capacidades incomparables, justificando que el gato sea como es.
Único.

Animales cotillas dónde los haya, su especial curiosidad a veces les juega alguna mala pasada. No hace mucho, por citar un ejemplo, mi gato “Mimo”, un bonachón castrado de nueve años y doce kilos de peso se pilló en su propia trampa del permanente fisgoneo. Por hacerme una broma, unos amigos me habían regalado una planta de cáñamo de rabioso color verde y hojas en forma de palmas, que dejé en su tiesto durante meses, encima del mostrador de uno de los porches de la casa, sin prestarle demasiada atención. Pero Mimo sí que se la prestaba. Y lo cierto es que durante semanas cada tarde, regresaba a casa un poco torpón y haciendo eses… sin que yo entendiera el por qué. Hasta que un día, estando yo tomando el sol cómodamente repanchingada en una tumbona, vi como mordisqueaba con auténtica fruición la plantita de hojas rabiosamente verdes en forma de palmas, durante un buen rato hasta que, otra vez, salió haciendo eses camino de casa. Comprendí entonces que aquella planta tenía un efecto alucinógeno sobre mi gato y cuando pocos días después lo comenté con los mismos amigos que me la habían traído, supe el por qué. Mi gato gordo se había aficionado a… ¡la marihuana!

La cuestión es que los gatos son carnívoros absolutos, si bien no es menos cierto que eligen ciertas plantas para purgarse o... como en el caso de Mimo, algo peor.  Y tan carnívoros son que parecería lógico pensar que no tengan un sentido del gusto muy desarrollado, puesto que carne es siempre carne. ¿O no?

Pues… no. Al igual que ocurre con los seres humanos, su lengua está dotada de pequeñas protuberancias denominadas papilas gustativas, que identifican los distintos componentes de su dieta, siendo sensibles a ciertos productos más que a otros, a ciertos químicos más que a otros también y a ciertos sabores más que a otros, igualmente. Y así, el gato es capaz de reconocer si un sabor le gusta o no, en función de las señales que recibe de las distintas zonas de su lengua y que van directamente al cerebro.

Hoy se sabe, gracias a distintas pruebas científicas, que los gatos son perfectamente capaces de distinguir entre el sabor del agua o de la leche, del azúcar o la sal, y que perciben las diferencias entre ácido, salado o amargo, aunque quizás no tanto por lo que respecta al dulce. También se sabe que su lengua es sensible a los aminoácidos y que quizás eso justifique ciertas preferencias por algunos alimentos sobre otros, produciéndoles una sensación tan grata como la que a nosotros nos produce, por ejemplo, el dulce.

Dados a elegir, los gatos domésticos preferirán siempre una dieta rica en carne y grasa, con olor fuerte y mejor aún si se alternan los trozos blandos y los duros, por ser la que más se identifica con el alimento que tomarían en estado salvaje y más aún si el alimento está a una temperatura similar a la que tendrían sus presas (aproximadamente los 35º C). Y no es menos significativo que, como buenos gourmets que son, agradezcan la variedad y la oportunidad de probar nuevos alimentos. Más aún, es indispensable que disponga de hierbas de tallo como el tomillo, el césped de jardín, el perejil o la nébeda que pueda ingerir sin límite para incrementar su bienestar.

Dicho esto, centrémonos ahora en otro órgano vital para el gato; el del olfato, que está estrechamente ligado al del gusto. El olfato es más potente de sus sentidos, que le permite reconocer todo lo que le rodea y que le resulta, además, esencial para la comunicación con otros individuos de su especie. Es por eso, justamente, por lo que en determinadas partes del cuerpo (en la barbilla, los labios, las sienes, el cuello, los hombros, junto a la cola, bajo ésta y también en la parte lateral de las uñas) el gato cuenta con glándulas sebáceas productoras de secreciones aceitosas que utiliza para dejar sendos e importantes mensajes olfativos destinados a otros gatos del entorno.

No en vano, en cada uno de sus desplazamientos dentro y fuera de casa, el gato va dejando marcas, como el que deja mensajes en una botella; así, por ejemplo, cuando rasca una superficie, además de afilarse las uñas está dejando constancia de su paso por la zona, como cuando frota su espalda o su cara por otra persona, otro animal o sobre cualquier objeto. Además, cuando se tumba sobre un sofá o en el regazo de su dueño, también deja claro a cualquiera que necesite saberlo que ha pasado por ahí y que ese mueble o esa persona son “de su propiedad”. Por eso también se acicala continuamente, pues además de mantenerse limpio y libre de parásitos externos, haciéndolo está permanentemente extendiendo esas secreciones olorosas por otras partes del cuerpo, impregnándose e impregnándolo todo de sí mismo.

Añadamos a todo lo anterior que el conducto nasal del gato, que parte de la trufa, es aparentemente pequeño y proporcionado, si bien se oculta tras una red de huesos y cavidades preparados para calentar y humedecer el aire que respira, estando recubierta de unos 200 millones de células que componen la mucosa olfativa. Esta mucosa tiene la función de reconocer determinados elementos químicos que están suspendidos y son transportados por el aire, enviando las señales necesarias al cerebro para el reconocimiento de esas partículas y su significado olfativo.

Ya lo he dicho por activa y por pasiva, nada en el gato ha sido dejado al azar.  Todo tiene su lugar, su explicación, su razón de ser. Y por eso, por lo que ya hemos aprendido de él en estos meses y por lo que todavía nos queda por saber y que abordaremos en próximos capítulos, podemos entender que en su día Pío Baroja dijera de él, que el gato es demasiado perfecto para evolucionar.

UN DATO INTERESANTE

Los gatos acostumbran a “purgarse” con ciertas plantas verdes, sintiendo especial preferencia por la népeta o nébeda, también conocida como hierba o menta de gato.

Se trata de una planta herbácea de la familia de las labiadas, que alcanza sin dificultad el metro de altura. El tallo es el característico de la familia: cuadrado, fistuloso y cubierto de una fina pelusilla. Las hojas están enfrentadas entre sí y tienen un largo rabillo; son blandas y suaves al tacto. Las flores forman un ramillete en el extremo de las hojas superiores. Son de color pálido, casi blancas, de algo menos de 1 cm. de longitud. Por definirla de alguna manera, es la clásica "mala hierba" que aparece por todos lados, aunque por sus propiedades medicinales y porque al gato le hacen un servicio importante, se les perdona su fealdad y la forma agresiva en que crecen por casi cualquier parte.

El olor de la planta produce al gato enorme excitación, gustando incluso de rodar sobre ella y, obviamente,  marcarla y tragarla para ayudarse a regurgitar las enormes bolas de pelo que tragan durante el acicalado.

¿SABÍAS QUE…? Los sentidos de gusto y olfato están en los gatos perfectamente conectados a través del órgano de Jacobson, una minúscula bolsita cilíndrica conectada al paladar a través de un conducto estrechísimo que parte de los dientes delanteros. Este órgano está recubierto de células olfativas que sirven para estimular la zona cerebral asociada al sentido del gusto y al deseo de apareamiento. Así, cuando el gato recibe un estímulo oloroso específico y especialmente agradable (por ejemplo, cuando una hembra en celo anda por los alrededores o cuando le llega el olor a comida), presiona su lengua contra el paladar dejando la boca ligeramente abierta, para aspirar las moléculas olorosas. Con este gesto hace pasar libremente y en gran cantidad el aire por el órgano de Jacobson, de tal manera que pueda examinar detalladamente la composición de estas y percibirlas en toda su magnitud. Haciéndolo, el gato presenta una expresión muy concreta que se denomina reacción de Flehmen.

UNA CURIOSIDAD... La lengua del gato es especialmente áspera y ello porque está dotada de unas protuberancias, una especie de púas, que utiliza para acicalarse y arrastrar y eliminar la porquería que se pega al pelo. Y justamente por este efecto de arrastre, es por lo que regularmente necesitan purgarse para eliminar las bolas de pelo que forman y que, de lo contrario, atascarían su tracto intestinal.

NUNCA OLVIDES QUE… las señales olfativas son utilizadas por los gatos para marcar territorios e identificar individuos. Cuando arañan o se frotan sobre una superficie o una persona, además de poder dejar una marca visible sobre la zona en la que hayan arañado, es seguro que la estarán impregnando (“marcando”) con el olor de las glándulas sudoríparas ubicadas en las almohadillas de las zarpas, depositando además sustancias olorosas en forma de mensajes, provenientes de sus glándulas sebáceas, perfectamente distribuidas por distintas partes de su cuerpo.

OJO AL DATO... Si extendiéramos la mucosa olfativa del gato sobre una superficie, ocuparía un área de entre 20 y 40cm2.

(Texto original, escrito por Christina de Lima-Netto y/o Federico Baudin específicamente para esta página Web y protegido con Copyright. No puede ser reproducido ni total ni parcialmente por ningún medio, sin el expreso consentimiento de Castro-Castalia por escrito)

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