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Incidencia de la displasia de cadera en un Bullmastiff, Castro-Castalia Bullmastiffs
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Malcom X de Castro-Castalia Bullmastiffs

Malcom X de Castro-Castalia

Cuando se habla de DISPLASIA DE CADERA parece que se invoque al mismísimo diablo. Existe una leyenda negra respecto de esta condición que ha dado lugar a toda clase de temores y recelos por parte de los propietarios, en su mayoría poco informados y desconocedores de todo lo que tiene que ver con la misma.

Lo primero que he de decir, es que la DC fue descrita y diagnosticada por primera vez en el año 1935. Curiosamente y en contra de la creencia generalizada, no es una enfermedad propia de razas grandes o gigantes, sino que afecta, indistintamente, desde un Chihuahua, un Carlino o un Yorkshire terrier hasta un Mastín, un San Bernardo o un Irish Wolfhound, tanto como un Pastor alemán, un Samoyedo, un Cócker o un Schnauzer mediano.

También es importante sino esencial, decir explícitamente que estudios recientes llevados a cabo en el Reino Unido, han venido a demostrar que más del 70% de los cachorros diagnosticados con alguna forma de displasia de cadera entre los 5 y los 18 meses de edad, desarrollan una vida perfectamente normal y óptima sin que se haga necesario ni el uso prolongado de medicación ni la cirugía.

Conviene tener este dato bien presente para así, de una vez por todas, quitarle el sambenito a esta condición y desdramatizarla. ¡Ya va siendo hora de que pongamos a la DISPLASIA DE CADERA en su justo contexto y dejemos de creer que un perro displásico es un animal condenado a muerte o a cadena perpetua, porque ese no es ni mucho menos el caso!

Dicho esto, conviene especificar que si bien se ha creído tradicionalmente y aún se cree mayoritariamente que se trata de una enfermedad exclusivamente hereditaria, el hecho cierto es que nuevas evidencias están dando lugar a que esta creencia empiece a tener fisuras por cuanto si efectivamente se tratara exclusivamente de un problema hereditario, sería lógico pensar que en una raza en la que se viene estudiando, previniendo y seleccionando desde hace ochenta años, como es el Pastor alemán, lo lógico sería que estuviera erradicada y, sin embargo, dista mucho de ser así.

Cada vez parece más claro que independientemente del componente hereditario multigénico (en el que intervienen muchos genes), que sin duda existe, otras causas medioambientales pueden favorecer su aparición y desarrollo.

Estas otras causas, que poco o nada tienen que ver con la herencia, estarían relacionadas con ciertas carencias vitamínicas (Vitamina C, sobretodo, muchas veces derivada del escaso aprovechamiento que se hace de la luz solar), con el aporte excesivo de proteínas y calorías en la dieta del cachorro en crecimiento, con el exceso de peso y la obesidad a edad temprana, con el estrés (por separación y/o por causas medioambientales), con un exceso de ejercicio y la falta de horas de sueño y descanso en espacios reducidos del cachorro y, también, con las superficies deslizantes en las que los individuos se ven abocados a caminar durante horas, días, meses, en una etapa en la que su sistema musculotesquelético sufre en demasía debido a los pequeños traumas continuados que esto produce en sus articulaciones (desgarros de ligamentos y tejido fibroso y luxaciones y subluxaciones de la cadera-rodilla y del hombro-codo).

Yo personalmente llevo muchos años estudiando el comportamiento de las lobas y los lobeznos y he llegado a la conclusión empírica, que no de otra índole, de que entre los lobos no se da la DISPLASIA DE CADERA y ello por varios motivos. En primer lugar, porque durante las primeras semanas los lobeznos están recluidos en un espacio reducido (la lobera) y se mueven sobre una superficie en la que sus pequeños y débiles miembros se agarran perfectamente (tierra blanda y arenosa). Además, su dieta es poco variada (leche materna) y poco abundante, lo que evita el sobrepeso y la obesidad. Por si esto fuera poco, durante la segunda etapa de desarrollo, tras el destete, su dieta continúa siendo relativamente escasa, dado que dependen exclusivamente de la madre y de otras lobas para su alimentación, que no siempre es generosa, máxime porque imposiciones jerárquicas hacen que los cachorros coman sólo después de que lo hayan hecho quienes les preceden jerárquicamente, lobos y lobas alfa, hembras que estén criando lobeznos de mejor edad, lobos jóvenes en periodo de transición.

No es menos cierto que durante varios meses, su espacio de ejercicio continúa siendo muy limitado, dado que no se les permite distanciarse de la lobera ni del grupo principal que les vigila y les controla y por lo tanto aún cuando pasen varias horas en el exterior, beneficiándose del efecto terapéutico de los rayos solares, no deambulan de acá para allá continuamente, sino que pasan muchas horas dormitando al sol y, otras pocas jugueteando entre sí, como parte de su aprendizaje social.

Con todos estos datos en la mano, además de utilizar en mi programa de cría exclusivamente reproductores machos y hembras que hayan sido diagnosticados como portadores de caderas libres de displasia, con grado A, A2 (libre de displasia) o B (cadera de transición o borderline), he procurado reproducir unas condiciones de vida similares a las de los lobeznos con mis cachorros, durante los tres meses y medio que pasan en mi casa, aconsejando luego a los propietarios que sigan rigurosamente y al pie de la letra los muchos consejos que les aporto por escrito en el Dossier de Información, que servirán para continuar evitando la aparición de cualquier sintomatología.

Y es un hecho cierto y probado que mi esfuerzo y mi teoría, ha dado como resultado una escasísima incidencia de ejemplares diagnosticados con caderas C (displasia leve) y, mucho menos aún (D, displasia moderada) o E (displasia severa) *.

Dicho esto, creo esencial continuar haciendo una descripción de la condición para quienes todavía ahora continúen rasgándose las vestiduras y creyendo que la DISPLASIA DE CADERA es la madre de todas las enfermedades caninas , cuando, por lo general, bastaría con un mejor conocimiento de la condición en si misma, una asunción de responsabilidades por parte de criadores y propietarios (los primeros haciendo una selección rigurosa y teniendo en cuenta los factores medioambientales que pueden incidir en su desarrollo y los segundos, siendo conscientes de que ciertos errores en el manejo del cachorro pueden pagarse muy caros), y un manejo adecuado de los perros en fase de crecimiento para evitar en gran medida su incidencia.

Veamos.

La DC se define como un desarrollo anómalo de la articulación coxofemural o cadera. El modo de herencia se describe como poligénico, es decir que en la transmisión hereditaria intervienen varios genes, dominantes unos y recesivos otros (es decir, aparentes unos y ocultos los otros). Resulta pues relativamente complejo tratar de definir de antemano, qué sujetos pueden llegar a ser propensos a padecer la enfermedad por transmisión genética y cuáles no. Se cree, en general, que los cachorros hijos de padres libres de displasia lo serán también en el futuro y que esos otros hijos de padres afectados de displasia, lo serán igualmente más adelante, aún cuando esto no siempre resulte tan simple.

 

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Según la Fédèration Cynologique Internationale , organismo que regula la crianza canina en toda Europa y en la mayoría de países del Mundo, existen cinco grados posibles de DISPLASIA DE CADERA (A, B, C, D y E). A saber:

Grado A. Sin señales de Displasia de Cadera (A/A2)

La cabeza del fémur y el acetábulo son congruentes y el ángulo acetabular según Norberg es de 105º o más. El borde craneolateral aparece marcado y ligeramente redondeado. El espacio es estrecho y uniforme. En articulaciones de cadera excelentes, el borde craniolateral envuelve la cabeza de fémur de manera más marcada en la dirección laterocaudal. El espacio articular es uniforme y estrecho.

Grado B. Cadera de transición o borderline

La cabeza del fémur y el acetábulo son ligeramente incongruentes y el ángulo acetabular según Norberg es de 105º o más, o el ángulo acetabular según Norberg es de menos de 105º, pero la cabeza de fémur y el acetábulo son congruentes.

Grado C. Leve Displasia de Cadera

La cabeza de fémur y el acetábulo son incongruentes y el ángulo acetabular según Norberg es de más de 100º y/o existe un borde craniolateral ligeramente aplastado. Se observan ligeras irregularidades del margo acetabularis cranialis, caudalis ó dorsalis o en la cabeza y cuello del fémur.

Grado D. Displasia de Cadera moderada

Obvia incongruencia entre la cabeza del fémur y el acetábulo con subluxación. El ángulo acetabular según Norberg es de más de 90º (sólo como referencia). Existe un aplastamiento del borde craniolateral.

Grado E. Displasia de Cadera severa

Marcados cambios displásticos en las articulaciones de la cadera tales como luxación o nítida subluxación, con un ángulo acetabular según Norberg de menos de 90º, con un aplastamiento obvio del margo acetabularis craneales, con deformación de la cabeza de fémur (aplastado o en forma de seta).

Un dato a tener en cuenta es que todos los cachorros nacen con caderas normales (tipificadas como Caderas de Grado A) y que sólo el tiempo determinará si en el futuro padecerán o no esta condición. Y ello porque, como dije al principio, son muchos los factores que intervienen en el desarrollo de esta condición.

Aparte del condicionante genético (que muchos expertos han dado en valorar como susceptible de causar un 25% de los casos, no más), existe todo un elenco de condicionantes medioambientales a tener en cuenta:

  • Talla
  • Conformación corporal
  • Masa corporal y muscular
  • Angulaciones del cuarto posterior
  • Peso
  • Patrones de desarrollo y crecimiento
  • Nutrición
  • Aporte calórico de la dieta
  • Aporte vitamínico incontrolado
  • Cantidad y calidad del ejercicio
  • Situaciones de estrés

Por lo general, los primeros síntomas de la DC se presentan con la laxitud de la articulación de la cadera o la holgura de ésta. Debido a ello, cuando el perro se mueve se produce una continua erosión de la articulación que acaba produciendo una inflamación de la misma; esto produce dolor y en algunos casos, además, cojera.

Hay que decir que el Bullmastiff suele ser un perro con un elevadísimo aguante que pocas veces manifiesta dolor y por lo tanto, en muchos casos no suele apreciarse ningún cambio en su actitud. Por lo tanto es importante que durante la etapa de crecimiento, el propietario responsable, acuda trimestralmente a realizar un control de la salud del perro, que incluya la verificación mediante unas técnicas de manipulación al tacto de los huesos de la cadera por parte de un Veterinario experto, para comprobar que no existan problemas.

También es importante tener en cuenta que algunos perros afectados de displasia severa jamás mostrarán síntomas específicos, tanto como otros, con una displasia moderada pueden presentar todo el elenco de sintomatología propia del cuadro. Es decir, que se trata de una condición que no afecta a todos los individuos por igual ni de la misma manera.

El diagnóstico de DISPLASIA DE CADERA no puede efectuarse a simple vista; necesariamente se tiene que realizar un estudio radiológico con el perro perfectamente sedado, para poder manipular adecuadamente la articulación y realizar las radiografías oportunas. Lo ideal es efectuar una radiografía de control hacia los 8-10 meses de edad, sobretodo en perros sospechosos (a veces incluso un poco antes, hacia los 4-5 meses) y, posteriormente una radiografía definitiva a partir de los 18 meses de vida.

Lógicamente, cuando a un perro se le diagnostique cualquier grado de DC, será necesario realizar un tratamiento en varios frentes, identificando cuáles de cuántas causas he expresado anteriormente, puedan ser las responsables de esta condición. Modificar la dieta, bajar significativamente el peso, reducir y adecuar el ejercicio, hacer un aporte óptimo de vitaminas y minerales y también de condroprotectores recomendados ( Condrovet ® Taste ), son algunos factores que servirán para paliar o mejorar la condición. En los casos leves de displasias ("C") no deberán suministrarseles antinflamatorios ni otros fármacos que mitiguen el dolor ya que de hacerlo, al no sentir el dolor el perro, este realizara más ejercicio, sobrecargando la articulación y lo único que conseguiremos es agravar el proceso degenerativo de la articulación.

En ciertos casos graves, que no en todos, y dependiendo siempre de la forma en que cada individuo acuse la incidencia de su grado de displasia, puede ser recomendable la cirugía correctora o la implantación de prótesis. Cuando esto se haya de hacer, es imprescindible asegurarse de acudir a un Veterinario con la suficiente experiencia y con resultados probados, pues esta cirugía suele ser complicada y la recuperación y el post-operatorio lento, tedioso, difícil, con ciertas complicaciones en algunos casos y también ciertos riesgos y por lo tanto no puede dejarse en manos de cualquier aficionado. En España, hoy por hoy, existe una Clínica de referencia que sería la que yo recomendaría en caso de necesidad: la Clínica Veterinaria Puerta de Hierro , con su titular al frente, el Dr. José Luís Puchol.

Para terminar, he de decir que la DISPLASIA DE CADERA tiene, sin duda una base hereditaria, si bien existen toda otra serie de factores que la propician y por lo tanto lo más importante es que todos los cachorros de Bullmastiff sean controlados de forma efectiva, tanto mediante el chequeo veterinario regular y periódico durante la fase crítica de crecimiento (de los 4 a los 12 o 18 meses, dependiendo de que se trate de hembras o machos), como mediante la acotación de una serie de normas que el Criador responsable sabrá aconsejar al propietario, para evitar trastornos que puedan derivar en el desarrollo de esta condición.

Yo, personalmente, llevo muchos años haciendo una serie de recomendaciones muy específicas sobre Nutrición, Suplementación, Ejercicio recomendado, etc., que detallo en el Dossier de Información que todos los propietarios de cachorros CASTRO-CASTALIA reciben cuando recogen a sus perritos. Y he podido comprobar que siempre que han acatado rigurosamente mis consejos, sus cachorros se han convertido en ejemplares adultos perfectamente sanos y sin DC.

Así pues la información y la prevención se han mostrado como mis mejores aliados y los mejores aliados de los dueños para evitar que sus perros padezcan este trastorno.

Felizmente para mí, para mis perros y para sus propietarios, en casi veinte años de cría selectiva, la incidencia de DISPLASIA DE CADERA entre los ejemplares CASTRO-CASTALIA ha sido mínima. Y espero que así continúe siendo, dado la importancia que ha tenido y tiene en mi Programa de Cría la rigurosa selección de reproductores libres de displasia y la aplicación de mi teoría empírica sobre el manejo que debe hacerse de los cachorros desde su nacimiento hasta que cumplen la mayoría de edad.

* NOTA DE LA AUTORA: En los últimos diez años sólo un ejemplar hembra ha sido diagnosticado con displasia severa, a la edad de seis meses y por tanto en etapa de crecimiento crítico (cuando tenía un sobrepeso de más de 12 kilos sobre el peso recomendado y realizaba mucho ejercicio descontrolado durante varias horas al día mientras sus propietarios estaban ausentes, con otro perro cruce de Pastor alemán, muy hiperactivo a pesar de su avanzada edad). 

Otra hembra, fue diagnosticada aproximadamente a la misma edad, con una cadera B y otra C, por razones similares; en el momento de efectuar la radiografía de control, la hembra presentaba un sobrepeso de 16 kilos y también exceso de ejercicio inducido por vivir en el seno de una familia con varios hijos de corta edad. Y por el escaso control que los propietarios hacían de este hecho. 

Ambos casos fueron sido tratados con éxito en la Clínica Veterinaria Anubis , de Pozuelo de Alarcón, y si bien en el primero de ellos no se ha observado una reducción en la tasa de displasia (E) sí es cierto que ya no existe ninguna sintomatología clínica y el animal lleva una vida perfectamente normal. La otra hembra ha mejorado significativamente también, tras una importante reducción de peso y podrá seguramente corregir la tasa de displasia en pocos meses más.

Un dato a tener en cuenta es que ambas hembras, son hijas de ejemplares diagnosticados con caderas A2 en el caso de la primera y A2 y B en el caso de la segunda, es decir padres y madres libres de displasia, que a su vez proceden de líneas en las que la DISPLASIA DE CADERA tiene nula incidencia. Por lo tanto, parece obvio concluir que no existe un componente genético sino, más bien, un manejo equivocado de los animales por parte de sus propietarios durante la etapa de desarrollo crítico.

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(Texto original, escrito por Christina de Lima-Netto y Federico Baudin específicamente para esta página Web y protegido con Copyright. No puede ser reproducido ni total ni parcialmente por ningún medio, sin el expreso consentimiento de Castro-Castalia por escrito)

LAS FOTOGRAFIAS SON MERAMENTE ILUSTRATIVAS NO UNA INDICACION DE QUE LOS EJEMPLARES PADEZCAN DICHA ENFERMEDAD.