Castro-Castalia Bullmastiffs

Chata, o de cómo los errores que se pagan caros
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por Christina de Lima-Netto

Castro-Castalia Bullmastiffs

Una tarde de invierno recibo la llamada de uno de “mis” propietarios; me cuenta que su cachorra cojea ostensiblemente desde hace semanas y que su Veterinario le ha puesto un tratamiento que no parece producir la necesaria mejoría. Después de calibrar la situación y habiendo escuchado con detalle la sintomatología que me describe, le sugiero que lo mejor es traerla a Madrid cuánto antes y que la vea mi equipo veterinario.

Unos días más tarde, aprovechando el fin de semana, Javier me trae a “Chata” para que yo me ocupe de todo.

El diagnóstico, una vez realizada una buena exploración y unas radiografías, es claro. Hay una fractura de la cabeza de fémur con necrosis, que parece antigua y que no ha sido correctamente tratada durante semanas. La cosa no pinta bien, nada bien, no sólo por el tiempo transcurrido sino por la propia necrosis y por la edad de la paciente que todavía no ha cumplido los seis meses y está pues en plena fase de crecimiento.

“Jota”, el Veterinario, decide consultar con el que probablemente hoy por hoy es el mejor especialista en Traumatología canina de España y quizás incluso de Europa, el Dr. José Luis Puchol, de la Clínica Veterinaria Puerta de Hierro, quien confirma el diagnóstico y sugiere el único tratamiento posible, una operación por la que hay que implantarle a “Chata” varias agujas para tratar de corregir la fractura y crear nuevo tejido óseo que regenere la zona necrosada. Pero hay muchas reservas en cuanto a las probabilidades de éxito, por la edad y el estado de la paciente.

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Chata jugando con Mini y Cooper en una revisión

La operación se planifica para un par de días más tarde; el procedimiento quirúrgico resulta un éxito, pero hay que esperar varias semanas para constatar si produce el resultado deseado. Y, mientras, “Chata” permanece en casa, bajo mi responsabilidad, haciéndonos cargo nosotros de su cuidado y rehabilitación. Dos meses más tarde, se comprueba que una de las agujas produce fricción en el acetábulo y por lo tanto dolor y que eso impide que la cachorrita apoye adecuadamente la pata cuando quiere moverse más rápidamente, así es que el Dr. Puchol opta por volverla a operar para retirárselas.

Otra larga convalecencia obliga a “Chata” a permanecer en casa varias semanas más a nuestro cuidado; sus dueños, quincenalmente, vienen a visitarla desde Extremadura para que no pierda contacto con ellos.

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Chata jugando con Mini

Finalmente, casi seis meses después de la llegada de “Chata” a casa, los Veterinarios deciden que puede volver con su familia y que su recuperación ha sido un éxito, por haber recuperado un 85% de movilidad y apoyo. Se confía en que al cabo de unos pocos meses más acabe recuperando sino el 100% por lo menos el 90% o 95%, que no es poca cosa, teniendo en cuenta el gravísimo estado en que llegó a nuestras manos. El Tiempo dirá.

Pero esta es una de esas veces en las que una se queda con ganas de decirle un par de cosas, y no precisamente bonitas, al ¿profesional? que mal diagnosticó en primera instancia a “Chata” y que tan negativamente interfirió en la evolución del cuadro clínico, hasta el punto de que la perra estuvo en un tris de perder incluso la pata. Porque, indudablemente, de no haber dudado el propietario de su criterio en un momento dado, la necrosis hubiera progresado sin remedio. Felizmente no ha sido así y quién más ha tenido que ganar ha sido la joven “Chata”, que otra vez juega, salta, corre y brinca con los tres niños de la casa. Mejor así.

(Texto original, escrito por Christina de Lima-Netto y Federico Baudin específicamente para esta página Web y protegido con Copyright. No puede ser reproducido ni total ni parcialmente por ningún medio, sin el expreso consentimiento de Castro-Castalia por escrito).

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